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SPANISH KI TAVO 2012

      Escala de valores


Para indicar cuándo un pecador es considerado un verdadero Baal Teshuvá, el Talmud nos da un ejemplo: Si se abstiene de pecar por segunda vez cuando se encuentra con la misma mujer en el mismo lugar y hora que pecó en el pasado (Iomá 86b ).

Esta es una prueba bastante sorprendente.  ¿Realmente un Baal Teshuvá necesita volver al mismo lugar y a la misma tentación para poder probar su sinceridad? Más desconcertante aún es la mención del Talmud de volver al momento del pecado. ¿Cómo es posible lograrlo?

El Klí Iakar nos ayuda a entender las palabras de los Sabios, desviándonos a dos versículos claves de la parashá de esta semana: “Pues esta mitzvá no está en los cielos… ni del otro lado del mar, como para decir: ‘¿Quién nos cruzará el mar y nos la acercará para que podamos cumplirla?’ Por el contrario, está muy cerca de ti, en tu boca y tu corazón para poder llevarla a cabo” (Devarim 30:12-13). En otras palabras, uno no debe abstenerse de hacer teshuvá, por miedo a no poder superar las pruebas que tendrá por delante. Ni tampoco necesita viajar al extremo más remoto del mundo, a la situación del pecado anterior, para demostrar que no volverá a pecar. Por el contrario, el lugar del pecado es el corazón. Un intenso arrepentimiento puede devolver a la persona al lugar y al momento del pecado, para poder desarraigarlo. La pena y el remordimiento positivo pueden cambiar al corazón. Pueden transformar los fracasos del pasado en lecciones para el presente y el futuro. Un cambio de percepción por parte del Baal Teshuvá puede finalmente resultar en un cambio de comportamiento y personalidad. Y esa es la forma en que somos juzgados en Rosh Hashaná; Di-s mira la situación actual y su posible resultado en un cambio positivo para el futuro. Lo que sucedió en el pasado no determina el veredicto final, sino que el punto decisivo al encontrarnos ante el Juez Supremo en Rosh Hashaná, es nuestra personalidad y nuestra “re-programación” del corazón.

Encontramos un precedente a este enfoque en la respuesta de Di-s a las plegarias de Ishmael, cuando él y su madre Hagar parecían haberse quedado sin agua en el desierto. Cuando Ishmael se sintió a punto de morir de sed, elevó sus ojos a Di-s y clamó por misericordia. Di-s estaba por crear un manantial de agua, pero los ángeles trataron de intervenir, diciendo: ¿Cómo puedes darle agua al joven cuyos futuros descendientes matarán a Tus hijos de sed? Di-s les respondió: En este momento, ¿qué es Ishmael, un tzadik o un rashá? ¡Ahora es Tzadik! Él ha de ser juzgado según lo que es ahora –                    באשר הוא שם”    –

¿Por qué así? Pues la esencia de la persona es lo que está en su mente y corazón en el momento actual.    .

Esta idea nos puede ayudar a entender una curiosa solicitud que le hacemos a Di-s numerosas veces durante los Días Solemnes:כתבנו בספר צדיקים וחסידים  – inscríbenos en el Libro de los Justos y Piadosos. La pregunta es obvia: si somos justos, no necesitamos pedir. Si no lo somos, entonces ¿por qué imploramos a Di-s que nos inscriba en un Libro donde no pertenecemos? ¿Cómo se explica este pedido?

Rabí Moshé Jaim Luzatto explica cómo funciona el proceso de la teshuváCuando el pensamiento de placer y deseo se arranca del pecado, el pecado mismo se borra y se anula (Mesilat Iesharim, capítulo 4). El pecado es generado por un pensamiento perverso. Cuando afrontamos las motivaciones internas y negativas, mental y emocionalmente, Di-s está dispuesto a vernos como personas diferentes. A pesar de haber pecado durante todo el año, los pensamientos sinceros de arrepentimiento nos permiten presentarnos delante de Di-s en Rosh Hashaná y decir: “Ahora reconozco que todo el placer obtenido de los pecados no es sino una pena. No quiero reincidir en esos actos. No soy el “yo” pecador de ayer ni el “yo” de mañana, donde quizás fracase en otra prueba. Ahora mismo soy una mejor persona; el “yo” que realmente quiero ser“.        .

Hay un midrash que nos puede ayudar a convertirnos en esa persona que realmente queremos ser (Midrash Aséret HaDibrot en לא תגזול). Cierta vez acudieron al rey Salomón tres comerciantes que sospechaban uno del otro de haberse apropiado de las ganancias de su exitoso viaje de negocios. El rey Salomón respondió que estaría listo para juzgar el caso recién al día siguiente. Cuando los tres comerciantes regresaron al día siguiente, el rey les comentó acerca de una consulta enviada por el emperador romano sobre un niño y una niña que se habían comprometido a casar al alcanzar la edad indicada. Entre ellos estipularon que en caso que uno decidiera casarse con otra persona, primero debería pedirle permiso al otro. El tiempo pasó, y la joven encontró a un hombre propicio con quien quería casarse. Fiel a su palabra, llevó a su novio a la casa del hombre con quien se habían comprometido a casar, para obtener su permiso. El hombre aceptó amablemente la decisión de la mujer y se negó a recibir el hermoso presente de oro y piedras preciosas que el novio había traído para apaciguarlo. Con gran sinceridad le deseó a la joven pareja una vida feliz. Desgraciadamente, en el camino de regreso la pareja fue capturada por una banda de ladrones despiadados. El botín fue repartido entre ellos y la joven muchacha fue llevada al líder de la banda. Ella le suplicó que escuchara su historia. Por algún motivo, el jefe de los ladrones decidió apiadarse y devolvió a la novia a su novio, junto con todo el oro y las piedras preciosas.

El rey Salomón se dirigió a los tres mercaderes, pidiéndoles que le ayudaran a resolver la pregunta enviada por el emperador: ¿Cuál de los tres actuó más noblemente: la mujer que cumplió la promesa de su juventud, el hombre que dio permiso para que se casara con otro e incluso se negó a recibir el ostentoso presente, o el jefe de los ladrones que podría haberse quedado con el dinero y la novia, de no haberlo dominado la sensación de piedad?

Cada uno expresó una opinión diferente, pero el rey Salomón ordenó atar y azotar al que elogió al jefe de los ladrones, aclarando que si este elogió al ladrón que no tenía ningún derecho legal sobre la novia o sus posesiones, ¡entonces seguramente él mismo habría de ser un ladrón! Por supuesto, el hombre luego confesó.       .

El rey Salomón así lo transmitió en el libro de los Proverbios: “…la persona es aquello que alaba” (Mishlé 27:21). Si alabamos las buenas acciones, entonces eso es lo que somos. Si pedimos ser inscritos en el Libro de los Justos, significa que realmente queremos ser justos. Y si somos sinceros, Di-s también nos considerará como tal. כן יהי רצון

 

Un pequeño cambio


En los días del mes de Elul, todos declaran querer cambiar y mejorarse. Los cambios asustan, porque implican una lucha; implican reconocer que mi forma actual de  pensar, sentir o percibir es errónea. Significan apegarse diariamente a la nueva decisión que me llevó tan sólo unos minutos en tomar. Todo esto lleva tiempo, algo así como cuarenta días, entonces: ¡Bienvenido a Elul!                         .

Al acercarse Rosh HaShaná, nos suele envolver una lamentable sensación de que “no estamos listos todavía para el ‘nuevo yo’ que nos gustaría ser este nuevo año”. Esto nos puede hacer sentir la necesidad de realizar cambios enormes, algo así como un gol que atraviesa toda la cancha o un tiro a larga distancia… Cuando estamos cortos de tiempo, quizás tratamos de sintetizar el proceso de la teshuvá, obviando algunos pasos fundamentales para el cambio.                   .

En la batalla real, al planificar un ataque, los generales toman en cuenta que ciertas estrategias funcionan y otras no. Por ejemplo, si las fuerzas aéreas sobrevuelan alto por encima del enemigo, sin duda serán identificadas y derribadas. Empero, si los aviones vuelan a poca altura, serán más difíciles de detectar y estarán en mejor posición para vencer al enemigo. Del mismo modo, cuando tratamos de hacer grandes cambios, las tendencias negativas que ya tenemos incorporadas lo ven como un ataque y se preparan para contrarrestarlo. Mas al tratarse de un pequeño cambio, no lo perciben como un ataque e incluso logran acostumbrarse al cambio.                           .

Este enfoque lo encontramos implícito en la famosa parábola del Midrash que trata el concepto de la teshuvá y la torpeza de quienes temen huir de sus hábitos pecaminosos (Kohélet Rabá 7): Un grupo de ladrones encarcelados comenzó a excavar en pasaje secreto, hasta que logró encontrar una vía de escape. Todos huyeron, excepto uno de los ladrones que se quedó en la prisión. Al llegar el guardia para la inspección diaria y ver que todos menos uno huyeron, le dio al rezagado una paliza, gritándole: “¡Necio! ¿Cómo dejaste pasar la oportunidad de huir y salvar tu vida?”.

Podríamos preguntarnos: ¿Por qué el Midrash compara la teshuvá a la excavación de una vía de escape secreta? ¿Por qué no la asemeja a la ruptura de una puerta, al forcejeo de una cerradura o a algo menos comprometedor?

La respuesta es que la teshuvá verdadera no consiste de un ataque frontal contra nuestro comportamiento en el pasado, sino más bien, es un procedimiento paso a paso. Debemos llevarlo a cabo con paciencia, excavando los fundamentos y creencias negativas. Esto es teshuvá. Esto es un cambio. Nada de atajos o puertas de acceso directo.                                .

El hecho de tener mucho trabajo por delante para este Elul no nos debe desanimar. El Mabit en su obra Bet Elokim (Shaar HaTeshuvá, cap. 12) respalda esta idea, indicando que hay una gran diferencia entre la mitzvá de teshuvá y las demás mitzvot. Tomemos, por ejemplo, la mitzvá de tzitzit: Colocando hilos sólo en tres extremos de la vestimenta en lugar de cuatro, no estamos cumpliendo la mitzvá, ni siquiera tres cuartos de ella. En cambio, si logramos tan sólo uno de los 24 pasos de la teshuvá enunciados por Rabenu Ioná en el Shaaré Teshuvá, cumplimos una parte de la mitzvá. No es “todo o nada”.                       .

Rabí Israel Salanter, en el Or Israel (carta 8), propone otra ayuda importante para nuestro trabajo en Elul. Él comienza citando al Rambam: “Todos tenemos méritos y pecados. Una persona con mayoría de méritos es un tzadik y una con mayoría de pecados es un rashá (malvado). Esta escala de medida no va de acuerdo al número de méritos o pecados; existen algunos pecados muy graves que pocos de ellos superan un gran número de méritos y, asimismo, méritos grandes que superan a un número mucho mayor de pecados. El balanceo se lleva a cabo únicamente en el Juzgado Divino, y sólo Di-s conoce el peso de cada mérito y pecado”. (Hiljot Teshuvá, capítulo 3)

Si bien el Rambam no nos dice cómo medir nuestros méritos y pecados, Rabí Israel nos señala un parámetro que ayuda a saber el peso aproximado de una mitzvá o pecado: según cuánto nos cuesta cumplirla o abstenernos de él. El mismo pecado se considera mucho más “pesado” si hubiera sido fácil abstenerse de él y una misma mitzvá se considera “más pesada” si fue difícil de cumplir. De modo que Rabí Israel escribe que, si la persona es capaz de encontrar los pecados que le son más fáciles de abstenerse de ellos y hacer teshuvá, esto le puede ayudar significativamente a aminorar el lado de los pecados en la balanza.             .

Este es un dato muy útil al prepararnos para el Día del Juicio. Significa, por ejemplo, que si nos cuesta mucho dejar totalmente de hablar lashón hará, podemos al menos contenernos cuando nos es fácil. Si no logramos sentarnos a estudiar Torá cuando es difícil, al menos estudiaremos Torá sin interrupción cuando nos es más fácil o al tratarse de temas de mayor interés para nosotros. Si no logramos controlar el enojo cada vez que nos provocan, tal vez podamos descontar aquellas veces que sí somos capaces de lograr un mínimo auto-control.

Y estemos seguros de que si comenzamos por lo que nos es fácil, entonces lo más difícil se acercará a nuestro alcance.

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