Parashat Jaie Sara | Versión española

Empaquetar con consideración

 

Imagínate cómo te verías a ti mismo si te brindaría una herramienta para hacer que la gente piense sobre ti de una forma positiva y deseable. Algo que con la mínima mención de tu nombre ya los haga pensar que eres una persona digna de su interés y apoyo y que vean que realmente sabes cómo apreciar. Imagínate si te doy una herramienta que provoque que la gente te admire por ser una persona considerada, una persona en compañía de quien es un placer encontrarse y con quien las cosas se ven completamente distintas… Bueno, hay buenas noticias: esta herramienta te está por llegar. Pero primero algunas palabras del Bet Haleví sobre la Parashá de esta semana…

Eliézer se encontraba en pos de una búsqueda muy difícil. Su amo, Abraham, le había encomendado encontrar a la futura segunda Matriarca del Pueblo Judío. ¿Cómo habría de encontrar a la futura esposa de Itzjak? Rezó a Di-s pidiendo que lo guiara hacia la joven correcta. Eliézer fijó con Di-s una señal que lo ayudaría a reconocer a la joven predestinada: la niña a quien pida que incline su cántaro para que pueda yo beber y ella me conteste ´bebe e incluso a tus camellos daré de beber´, será esta una señal de Ti, Di-s, que la has asignado para Tu siervo Itzjak.

¿Por qué Eliézer eligió precisamente esta señal? Podía haber escogido cualquier otro modo de demostración entre él y Di-s. ¿Acaso no era un tanto riesgoso apoyarse en una señal tan azarosa para una decisión de tanto peso?

Para esto, una breve introducción previa a las palabras del Bet Haleví: lo que muchos comerciantes hacen a fin de verificar si se puede confiar y creer en otra persona para asuntos comerciales y comprobar si se trata de una persona de carácter favorable, no es conversar sobre negocios. Al hablar sobre dólares y centavos, cualquier vendedor y comerciante sabe que debe ser cuidadoso y fingir ser los más confiable posible. Entonces, para probar el carácter de otra persona, un comerciante astuto saca a su posible candidato a comer en un restaurante. Observa su comportamiento y de esta manera logra estudiarlo en su forma más natural. Otra opción sería llevarlo a jugar un partido. Pues la persona demuestra mucho más de su personalidad durante una comida o un deporte competitivo que en medio de una reunión comercial.

La mejor forma para probar a Rivka era observando su comportamiento natural, en una situación del quehacer diario. En el aljibe. Allí podía evaluar cuán amable ella era, cuáles eran sus valores fundamentales y cómo estos afectaban su conducta. Allí podía probar cuán considerada ella era – con sólo pedirle un vaso de agua. ¿Cómo reacciona ante la oportunidad de brindar un favor? Eliézer sabía que lo más importante para Itzjak era una esposa con las cualidades de su madre. No simplemente bondadosa, sino una bondad acompañada de consideración. Si bien las aguas subieron hacia Rivká milagrosamente del aljibe, esto aún no era una prueba fehaciente de que era digna de ser Matriarca. Pero si Rivká le ofrecía a Eliézer beber del cántaro, sí se convertía en posible candidata, aunque tampoco esto era una prueba suficiente para decidir que era digna. El factor decisivo se encontraba en el segundo punto: ¿cuál sería su próximo paso? Cuando se encuentra con un cántaro en mano del cual un extraño bebió; ¿qué hace con el agua restante? Si lo lleva a casa para que su familia beba, demuestra que no conoce las reglas básicas de Dérej Éretz, que no se debe beber del vaso de un extraño ya que puede tener gérmenes. Si antes de volver a llenar el cántaro vuelca el agua restante frente a Eliézer, muestra una carencia de sensibilidad hacia los sentimientos del extraño; dando la impresión que teme de que se trate de un hombre enfermo. Pero si vierte el agua restante ante los camellos para que beban, demuestra que está acostumbrada a hacer favores con consideración. Considerada y atenta a los sentimientos de Eliézer mediante su bondad hacia los camellos. Esta era la prueba de Eliézer.

La consideración de Rivká a los tres años de edad llegaba más allá de las expectativas de Eliézer. Ella le contestó: también para tus camellos extraeré agua, hasta que terminen de beber… El Bet Haleví explica que Rivká no quería siquiera que parezca que les daba el agua a los camellos a fin de no avergonzar a Eliézer. Al ofrecer darles de beber a los camellos hasta que terminen de beber (habían acabado sus provisiones de agua en la travesía por el desierto, con lo cual darles de beber involucraba muchísimo esfuerzo por parte de Rivká) Rivká demostró que estaba dispuesta a hacer su máximo esfuerzo a fin de lograr dos objetivos: mostrar su genuina preocupación por los camellos y a la vez no avergonzar ni en lo más mínimo a Eliézer. ¡Cuánta consideración! ¡Esta niña debe ser la predestinada! Pues la amabilidad con consideración es algo completamente diferente, un nivel de bondad mucho mayor…

Permíteme formularte una pregunta personal para responder con suma honestidad: después de hacer un favor a otro y haber recibido un “muchas gracias”, ¿alguna vez sentiste que el receptor de tu favor no apreció realmente tu esfuerzo? De ser positiva la respuesta, ¿por qué crees que sentiste eso, si te dijo “muchas gracias”? ¿No es eso suficiente?

No, a veces no es suficiente. A veces, para que la otra persona sienta que realmente apreciamos el esfuerzo que hizo, debemos dedicar un poco de pensamiento y escoger la forma indicada para expresar nuestro agradecimiento. “Gracias por la deliciosa cena”, no se asemeja en absoluto a un simple “muchas gracias” tras el último bocado. “Gracias por acercarme hasta la puerta de mi casa” es distinto a un “gracias” seco tras un viaje en coche. ¿Por qué? Pues cuando el agradecimiento es personal y específico, muestra que uno respeta y aprecia lo que el otro hizo específicamente por uno: tuvo en mente tus necesidades y obró con amabilidad especialmente por ti. No porque de todos modos es una persona amable, y tú justo te presentaste allí. Al dedicar un poco de pensamiento al gracias y hacerlo específico, uno muestra su verdadera gratitud a la otra persona. Le da vida al gracias y lo amolda específicamente al aprecio que uno siente. No es un simple y popular “gracias”. Pruébalo, y verás que la gente siente que aprecias lo que hacen por ti. Lo único que necesitas hacer es vestir el gracias con palabras específicas, hacerlo personal y relacionarlo a la obra de bondad y la persona misma. Esta magia es resultado de un agregado de consideración al agradecimiento. Lo eleva a un nivel mucho más alto.

Al elogiar la corbata, el traje o cualquier otra prenda de vestir, puedes decir un comentario acerca de la buena elección reflejada en su compra. Y aun si elogias la corbata, puedes agregar un poco de condimentos al halago en lugar de un insulso “linda corbata”. Evita utilizar el común “qué lindo” e intenta con un “hermoso, impresionante, elegante, etc.”, depende de lo que creas más adecuado para la persona halagada.

En lugar de decir que la comida estuvo deliciosa, trata de alabar el esfuerzo invertido en prepararla haciendo uso de diferentes halagos para cada comida. “La comida estuvo deliciosa” o “esta cena estuvo maravillosa”, “la carne salió fantástica”, son todas palabras halagadoras. “Semejante plato debe haber consumido mucha paciencia”, una loa como esta llega directo al corazón de cualquier ama de casa trabajadora. Se lo merece. Ella no cocina todos los días la misma comida, entonces, ¿Por qué agradecerle siempre con las mismas palabras? Por el contrario, trata de utilizar palaras que muestren que te das cuenta de la consideración que invierte al cocinar y retribúyele invirtiendo consideración en tu agradecimiento.

Estos tres consejos: bondad con consideración, gratitud considerada y halagos con consideración harán de tu compañía algo gratificante.


Ishmael el Baal Teshuvá

 

 Cierta vez me tocó acompañar a un joven estudiante de Ieshivá, quien se sentía muy mal consigo mismo. Él declaraba haber cometido un cierto pecado, sobre el cual jamás podría arrepentirse; pues para él el arrepentimiento consistía en lamentar el pasado en forma tal que lograse desarraigar lo realizado. Él sentía que no existía ninguna forma de limpiar la mancha que había ensuciado su impecable “pizarra”. Se sentía lejos de Di-s, lo cual lo deprimía enormemente. Cada vez que trataba de estudiar o rezar, se le volvía a aparecer este pensamiento de “desarraigar el pasado”. Traté una y otra vez de hacerle regresar al presente, pero él se resistía diciendo que primero debía remendar el pasado. Cuando le pregunté puntualmente cómo pensaba hacerlo, reflexionó y respondió que no había nada que podría hacer acerca del pasado, más que mejorar el presente. El joven llegó a la conclusión que no es posible tratar con el pasado, sino mediante el trato con el “ahora”, y que las acciones que hacemos pueden realmente cambiar nuestro “yo”. Quiero detallar un poco más esta idea, pero primero necesito subir a la luz algo sobre la Parashá de esta semana…

Itzjak e Ishmael sus hijos (de Abraham), lo enterraron en la cueva de Majpelá, en el campo de Efrón… Nuestros Sabios recalcan el orden utilizado por la Torá: en el momento de la sepultura, Itzjak precede a Ishmael. Ishamel había venido desde lejos para enterrar a Abraham. En base a estos dos datos, el Midrash comenta que de aquí aprendemos que Ishmael se había arrepentido de sus acciones y había vuelto en Teshuvá. Pues a pesar de ser el mayor, dejó que itzjak lo precediera, pues sabía que su hermano era más tzadik que él. Rashí también nos enseña que Ishmael murió con una muerte especial, (ויגוע) reservada únicamente para los tzadikim; lo cual refuerza este punto del arrepentimiento de Ishmael previo a su muerte.

¿Cómo podemos entenderlo? De las palabras de Sará ותרא שרה את בן הגר המצרית אשר ילדה לאברהם מצחק aprendemos que Ishmael había transgredido terribles pecados; la palabra מצחק denota que había asesinado, robado y cometido adulterio. Entonces, ¿cómo sabemos que luego se arrepintió y mejoró su camino? ¿Sólo porque le dejó a su hermano Itzjak anteponerse a él en el funeral del padre y porque vino desde lejos para honrar al padre tras su muerte?

La respuesta es: sí. Ishmael no podía regresar al pasado para deshacer su mala conducta, y no es este tampoco un paso en el proceso de la Teshuvá. Por más que uno crea que debe borrar sus pecados y desarraigarlos de su pasado, esto está lejos de ser verdad. La única forma de desarraigar los pecados del pasado es cambiando y mejorando la conducta en el presente. ¿Qué ocurre entonces? באשר הוא שם, se nos juzga de acuerdo a nuestra situación actual, según lo que somos en el presente. Pues ese es el único y verdadero “yo” que existe, el “yo” de ayer ya es cosa del pasado.

Otro punto sobresaliente de la Teshuvá de Ishmael es que él no escogió al azar cualquier conducta para mejorar; lo suyo fue un vuelco total de sus creencias. Al mostrar respeto a su hermano Itzjak por ser más tzadik, Ishmael demostraba que a sus ojos los tzadikim eran dignos de respeto. Un valor con muchísimas ramificaciones…

Para arrepentirse, la persona debe trabajar sobre un punto que tiene el poder de transformar todo su ser. Si bien esta actitud de Ishmael era aparentemente un acto pequeño, sabemos que en realidad de él consistía el rencor más fundamental y vital de Ishmael hacia Itzjak.  El Midrash nos cuenta que Ishmael se jactaba delante de Itzjak, mostrándose superior por haberse circuncidado a los 13 años y no a los 8 días como Itzjak; pues cuanto más grande, más difícil de soportar es el dolor. También nos cuenta que Sará vio a Ishmael lanzando flechas contra Itzjak; demostrando claramente que quería deshacerse de su hermano. Sabemos, además, que Abraham sentía una cercanía especial con Ishmael, a tal punto que en el momento de la Akedá Di-s debió decirle específicamente קח נא את בנך את יחידך אשר אהבת את יצחק, toma a tu hijo, tu hijo único, a quien amas, a Itzjak… pues a los ojos de Abraham, Ishmael era tan único y querido como Itzjak. Vemos también que después de la Akedá, la segunda prueba más difícil para Abraham fue la de echar a Ishmael. Todos estos datos apuntan a cuán amado se sentía Ishmael por su padre, Abraham. Sin duda esto le hacía sentirse tan tzadik como Itzjak, su pequeño hermano, de quien jamás podría aprender algo que no sabía, ni siquiera acerca de Di-s. Más tarde, las cosas cambiaron. Ishamel cambió de opinión. Y este gran cambió se vio reflejado en una pequeña acción: la muestra de respeto a su hermano menor; un acto que resultaba del reconocimiento del hermano mayor que tenía lo que aprender de su hermano menor.

Todos tenemos por delante una gran labor que nos puede llevar a la grandeza. Eso no significa que debemos cambiar toda nuestra forma de ser, sino que implica buscar dentro de nosotros alguna opinión o creencia inválida, cambiarla y actuar de acuerdo al nuevo valor. Entonces, todo cambia, incluso nuestro propio “yo”.

 

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Shabbat Shalom, Yosef Farhi

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