SPANISH – YITRO

 Una idea electrizante


La motivación es algo muy interesante; es el secreto de todo éxito, algo que todos anhelan pero no se compra con dinero. Una vez alguien me pidió que lo orientara y ayudara a tener motivación. Yo no sabía cómo hacerlo, y por eso acudí a la ayuda de mi mentor en “coaching”. Este último planteó una definición para lo que significa la motivación: un gran deseo de algo. A muchas personas les gustaría querer, pero no necesariamente quieren. Les gustaría tener motivación, pero no necesariamente están dispuestos a ceder a otras cosas que vienen junto con aquello que dicen querer. “Ayúdale a esclarecer sus valores, y así se dará cuenta de que sí posee motivación para lo que realmente quiere”, me propuso.

Aun así, creo que hay algo mucho más profundo; algo detrás de cualquier deseo y en las raíces de toda motivación. Es una palabra que a veces tergiversamos; una gran palabra. Aun así, no estaba seguro si escribir sobre ella o no, pues en este campo, cuando profundizas un poco más allá de lo superficial, la gente comienza a pensar que eres místico o algo parecido. La gran palabra es energía. Tener un deseo equivale a tener energía de querer. Estar motivado equivale a tener energía de motivación. En este contexto, la energía no connota músculos, sino una fuerza o energía interna. Esta energía es el primer recurso de una persona exitosa. ¿Alguna vez te diste cuenta de que cuando te encuentras en compañía de ciertas personas aun por un lapso de tiempo corto y luego te alejas, te sientes lleno de energía, ligero y optimista sobre el mundo? ¿Notaste también que hay otra clase de personas que te afectan contrariamente; que cuando terminas de hablar o estar con ellas sientes que se te acabó la energía y que no tienes fuerzas siquiera de hacer lo que necesitas hacer? Algunas personas poseen energía y se la pasan a otros. Otras carecen de energía y te la sacan cuando estás en compañía de ellos.

Imagínate que alguien tiene un secreto para crear dentro tuyo semejante energía con una simple palmada y está dispuesto a revelártelo. Bueno, yo te lo revelaré, pero debes contenerte de cerrar tu mente por la siguiente “mística”.

Los seres humanos poseemos infinitos pensamientos cada día; pasan tan rápido que a veces ni siquiera nos damos cuenta de ellos. Generalmente, los pensamientos son imágenes o palabras de memorias pasadas o imaginaciones del futuro. Las palabras o imágenes que atraviesan por la mente humana, dan origen a sus sentimientos, su energía y falta de ella. Las personas con más energía, tienen más “luz” en la vida. Quienes carecen de energía, son personas con una forma de ser “oscura”. Las personas con “luz” se levantan y hacen cosas, no son resentidas, sino optimistas y fáciles de convivir con otros… Los “oscuros” son aquellos con quienes es difícil mantener buenas relaciones, pesimistas, resentidos y no se pueden levantar a hacer cosas… Los pensamientos, imágenes y palabras que atraviesan la mente, son los que hacen a la persona “iluminada” u “oscura”. Si uno piensa en imágenes y palabras positivas, tendrá luz. Estas palabras pueden ser: bendecido, feliz, placentero, exitoso, generoso, abundante, fácil, divertido, alegre, ameno, amor, gratitud, aprecio, enérgico… (Un consejo práctico: varias de las palabras que decimos en las plegarias son de “luz”; bendición, salvación, grande, benévolo, confiable, loado, etc. Si pensamos y sentimos lo que rezamos, tenemos más “luz” y energía en la vida.) Las palabras oscuras son: maldito, enojado, miserable, pelea, temor, fracaso, abatido, cansado, mezquino, pobre, difícil, triste, aburrido, descontento, odio, desagradecido, deprimido… Con sólo leer estas palabras uno ya siente algo; energía y luz con la primera lista o depresión y oscuridad con la segunda. (Hasta el día de hoy me acuerdo de un buen compañero de la Ieshivá que era un genio en el estudio. En cierta oportunidad se hizo amigo de un muchacho lleno de pensamientos y palabras “oscuras” y muy pronto dejó de aparecer en el Bet Midrash; no comía, no estudiaba, ni hacía cualquier otra cosa productiva – excepto dar vueltas con su nuevo compañero negativo. Lo único que hacían entre ellos era conversar sobre temas negativos y, como resultado: “no tenía energía para ir a estudiar”. No era lógico que algo así le hubiera ocurrido a este muchacho, pero ocurrió.)

Muchos tienen pensamientos oscuros y luminosos a la vez, sentimientos que los ponen alegres y otros que los deprimen; algo así como lo que se suele llamar “estado de ánimo”. Pero este depende de las imágenes y palabras que uno piensa y eso es algo que uno puede controlar agregando vocablos positivos a su diccionario. Comenzando a invertir las palabras que uno se dice en su propia mente o las imágenes en que suele pensar, su forma de ser se torna más luminosa y encuentra mucho más motivación en la vida. Ya no está tan cansado y “de mal humor”. (Este también es el “poder secreto” de un “coach”: su lenguaje está lleno de palabras que dan fuerza y aliento – metas, opciones, recursos, sueños, imágenes, “cómo te gustaría que las cosas sean…”, soluciones, positivismo, etc; utilizando preguntas para introducir estas palabras en el modelo de pensamiento del paciente.)

El Rey David dice en el capítulo de Tehilim (81, 10) que decimos todos los jueves: לא יהיה בך אל זר – Que no haya en ti un dios extraño. Nuestros Sabios nos enseñan (Shabat 105b) que este dios extraño no es otro que la Inclinación del Mal. Lo cual es muy interesante y difícil de entender; especialmente cuando decimos diariamente en el Shemá que se debe amar a Di-s בכל לבבך, tanto con el Yiétzer Hatov como con el Yiétzer hará. Entonces, ¿cómo es posible que la Inclinación del Mal sea considerada una idolatría, si con ella debemos servir a Di-s?

En la última Mishná de Berajot, el Iajín responde a esta pregunta con algo interesante: el Yiétzer hará no es precisamente un consejero para actuar mal, ni el Yiétzer hatov uno para obrar bien. Sino que la Inclinación del Mal es la parte oscura de la persona y la Inclinación del Bien es su parte luminosa. El Yiétzer hará abstiene a la persona de hacer cosas y acaba sus energías, y el Yiétzer hatov es el que le da energía y motivación. El Yiétzer hará debería ser utilizado para abstenerse de los Mandamientos negativos, y el Yiétzer hatov para los Mandamientos positivos. Mediante las imágenes y palabras que atraviesan la mente humana, ellos “aconsejan” a la persona a ser luminosa y ligera u oscura y pesada.

Cuando llego a casa y mi esposa necesita ayuda, puedo prestársela y servirla o servirme a mí mismo. La persona jamás está en un estado de “no servir”. Si no cambio al bebé, no lo estoy sirviendo a él, pero sí me estoy sirviendo a mí. Estoy sirviendo a mi lado oscuro que me impulsa a postergar y procrastinar; esperando que el mal olor se pase por sí solo. Es como un dios dentro de la persona que le dice “no sirvas a nadie otro, excepto a ti mismo”. Y servir a estos pensamientos oscuros y pesados, no es muy distinto a idolatría. La única forma de atender a estos pensamientos sin que sea considerado servir a un dios extraños, es cuando lo hacemos para abstenernos de cosas que Di-s no quiere que hagamos. Entonces sí, estamos sirviendo a Di-s con la “parte oscura de nuestro ser”.

Siempre creí que la idolatría ya no existe y que el segundo y tercer Mandamiento no nos conciernen. Empero, después de esta idea, parecería como si la idolatría – depresión – fuera el flagelo más incontrolable de nuestra generación.


La fortuna desde distintos ángulos

 

Los esclavos del trabajo no dedican demasiado pensamiento en calcular lo mínimo necesario para llegar a fin de mes. Estimar una suma realista y tratar de obtenerla mediante el trabajo, ayuda a eliminar mucho stress. Ser consciente del monto básico necesario para cubrir las necesidades personales y familiares, sustituye el stress que domina a la persona por las metas indefinidas. El stress aparece cuando uno espera un deseo indefinido de algo muy grande.

Muchas personas quieren creer que esta pregunta de cuánto realmente necesitan es insignificante. Su motivo para salir a trabajar no es la parnasá, sino medir su propio valor, “cuánto valgo“. Lo cual es ridículo, pues el valor de la persona no se mide según lo que gana.

Esto me trae a la mente una pregunta que escuché entre mis compañeros del secundario que hubieran preferido salir a trabajar en lugar de estudiar en una Ieshivá: La Mishná en Avot (cap. 4) pregunta “¿Quién es rico? Aquel que está contento con lo que posee”.  Y un compañero comentó: yo no quiero ser feliz, ¡quiero ser rico!

Todos se rieron. Tras un poco de reflexión, me di cuenta de que la verdadera intención del comentario había sido ¿cómo la respuesta complementa a la pregunta? La pregunta es ¿quién es rico?; al buscar una persona con esta característica, naturalmente pensamos en gente con mucho dinero, no en una persona con salario promedio que está contenta con lo que tiene. Entonces, ¿qué nos viene a enseñar la Mishná?

Rashí aclara allí mismo que no hay diferencia alguna entre un rico preocupado que busca más y un pobre que realmente no tiene nada y también busca más. La riqueza depende del punto de vista, no hay forma de medirla.

En la Parashá de esta semana Itró le propone a su yerno, Moshé Rabenu, que busque personas capaces de ayudarle a juzgar al Pueblo: Busca con tu Inspiración Divina entre toda la Nación, personas con valor, temerosos de Di-s y hombres de verdad, personas que odian el “lucro” (dinero de otros y propio) y nómbralos responsables… Sin embargo, Moshé encontró sólo personas con valor, sabias y de buen nombre (véase Devarim 1, 15). Rashí define a las personas con valor como gente adinerada que no necesita adular o caer en gracia a los ojos de los demás. El Talmud en Sanhedrín cita que en un candidato a juez se debe encontrar siete cualidades: cuatro mencionadas por Itró y otras tres en Devarim. Cuantas más de esta cualidades la persona posee, más digna es de juzgar. Sin embargo, Moshé encontró sólo cuatro.

Y la pregunta es obvia: ¿cómo es posible que entre tan grandes personalidades de la generación que recibió la Torá no hubiera nadie que odiara el dinero? Incluso hoy en día conocemos personas que ceden enormes sumas de dinero para causas dignas o para mejorar su forma y estilo de vida. Una de las cualidades que requieren arrepentimiento en la lista enumerada por el Rambam, es la persecución detrás del dinero. Lo cual denota una posible perfección y superación de la ambición por el dinero. Entonces, ¿cómo es posible que Moshé no haya encontrado una persona así, especialmente en una generación sustentada Celestialmente con el Maná y cargada con el botín de Egipto?

La respuesta a esta pregunta nos enseña una lección para la vida; una lección sobre la cual sería bueno reflexionar. Hay cosas en la conducta humana o en los principios que la gobiernan, que existen y deben existir. No es posible romperlas. Y si uno lo trata, ellas terminan doblegándolo a él. Uno de estos principios básicos e inmutables es el gran valor que las personas dan al dinero y el reconocimiento interno tan profundo de su importancia. El Jovot Halevavot escribe en el Shaar Habejiná: una de las formas que se reconoce la Suprema Sabiduría Divina y Su Bondad es que todos los seres humanos del mundo aceptan dar valor al oro y la plata, para utilizarlo en el comercio y tratar de juntar de ellos lo más posible. Lo cual es una Misericordia Divina, pues estos no tienen ningún uso de por sí, ni le asisten en sus necesidades nutritivas o medicinales. Entonces, ¿por qué las personas valoran tanto estos dos elementos naturales? Es por Bondad de Di-s, para ayudar a promover el comercio e intercambio entre la humanidad.

Valorar el dinero (no perseguirlo, sino valorarlo) es una cualidad innata que acompaña a la persona desde su nacimiento. Por eso Moshé no encontró personas que no valoraran el dinero. Nadie odia el dinero. Una persona puede valorar la religión y lo expresa cuidando Shabat más que al dinero. O puede amar a su familia más que al dinero. Incluso puede aspirar más honores que dinero. Pero a fin de cuentas, todos valoran el dinero.

Cuando el Rambam dice que la persona debe volver en teshuvá por la mala cualidad de perseguir tras el dinero, se refiere a haber valorado al dinero por encima de los valores más importantes de la vida, como la espiritualidad, la tranquilidad, la vida familiar, la dignidad personal, etc. Si la persona no se cuida de limitar su amor por el dinero, termina adicta a él. Los esclavos del trabajo buscan llegar a sumas de dinero infinitas, y esta es la fórmula exacta para lograr la frustración: proponerse una meta inalcanzable.

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