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spanish – ki tetze

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El Mesilat Yiesharim escribe al comienzo, que en este mundo la persona se encuentra en una continua batalla. En todo lo que uno hace y a todo lugar donde va, siempre hay una batalla. El motivo por el cual no somos conscientes de ello, es porque vivimos en un trance. Estamos acostumbrados a pensar que las cosas son como aparentan ser a simple vista. Por ejemplo: la persona cree que va a una boda, cuando en realidad está yendo a una batalla. ¿Se comportará con tzeniut y recato? ¿Envidiará lo que tienen los demás? ¿Acude a la boda para disfrutar de la comida y la música o para alegrar a los novios? Se trata de una lucha interna, una batalla a la cual nos enfrentamos todos los días de la vida, en todas las situaciones y todo momento. Creemos que al hacer sociales, estamos simplemente haciendo sociales. Sin embargo, nuestros Sabios nos dicen que no es así; sino que en realidad estamos empeñando una lucha contra nuestro habla, si hablar libremente sobre los defectos ajenos o no. Pensamos que al sentarnos a comer estamos simplemente comiendo. Pero no. Si y cómo recitamos la bendición antes de lavarnos las manos y comer, es una lucha interna. Si hablar palabras de Torá en la mesa o no, también es una lucha… Y cuando piensas que simplemente estás comiendo un sándwich, es muy probable que pierdas la batalla contra la Inclinación del Mal… Esto es lo que se insinúa entre las líneas de la primera página del Mesilat Yiesharim.

Por eso son tan importantes las palabras que dan inicio a nuestra Parashá: כי תצא למלחמה על אויביך Al salir a la batalla contra tu enemigo… La persona debe estar mental y conscientemente preparada para esta batalla interna. Pues si se mantiene pasiva frente a ella, es muy probable que la pierda. Es por ello que la Torá nos advierte que debemos salir a pelear, no permanecer sentados pensando que la batalla está “congelada”.

La forma de salir a la batalla es “planificando”: planificamos de antemano qué haremos y cómo nos comportaremos en la boda; decidimos conscientemente que no acudimos a la boda para observar y envidiar lo que tienen los demás, sino para cumplir una mitzvá, la cual se logra con una sonrisa en la cara. Nuestra presencia demuestra que compartimos la alegría con los novios. Con esta preparación mental, tenemos muchísimas más probabilidades de realmente comportarnos así. Del mismo modo, si tenemos en mente que la mesa de Shabat es un momento para compartir ideas y palabras de Torá y estudiar algunas halajot, es más probable que la planificación se lleve a cabo que cuando no hay planificación alguna. E incluso en áreas donde estamos un poco flojos, si planificamos de antemano, son mayores las probabilidades de que logremos superar los obstáculos. Este concepto era ampliamente promovido por Rabí Israel Salanter. Imaginándose exactamente cómo recitará las bendiciones y pensando qué clase de berajot serán, la persona puede ayudarse a sí misma a formarse hábitos positivos. Los seres humanos somos criaturas con hábitos, y al acostumbrarnos a algo, este mayormente dicta el comportamiento a seguir… a menos que planifiquemos lo contrario. Y cuando la persona sí planifica, para bien o para mal, hay una Ayuda Divina especial que le ayuda a seguir el camino que se propuso. בדרך שאדם רוצה לילך מוליכים אותו

Me di cuenta la verdad de esta táctica en mi trabajo de orientación a distintas personas. Una vez que se dice, describe y detalla con palabras lo que uno quiere, Di-s ayuda a lograrlo.


 

¿Quién crees que eres?

 

En un principio, me costó comprender el Midrash en la Parashá de esta semana, pero cuando lo entendí, quedé muy conmovido.

… Di-s no quiso escuchar a Bilam, y Hashem vuestro Di-s convirtió su maldición en bendición, pues os ama…”. El Midrash comenta cuál fue el motivo por el cual Bilam buscó contradecir la Voluntad Divina, tratando de maldecir a los Judíos. Puesto que pensó que él mismo habría de redimir a los Judíos de Egipto y que la Torá sería entregada a ellos por su intermedio. Sin embargo, al ver que los Judíos fueron redimidos por intermedio de Moshé y que la Torá fue entregada por Moshé, Bilam se llenó de envidia y preparó toda la lista de maldiciones contra los Judíos…

¿Cómo puede ser que Bilam, la persona más impura y egoísta, símbolo del Ojo Perverso, creyó que la Torá podía ser entregada por su intermedio? ¿Cómo pudo haberle “chocado” tanto que Moshé Rabenu, quien amaba a cada Judío como a sí mismo, haya sido elegido, en lugar de él, para redimir a los Judíos de Egipto? ¿Qué se creía?

Pensé acerca de esto por un tiempo, y cuando llegué a una conclusión, quedé sumamente conmovido. El motivo es que Bilam podía llegar a ser tan perverso como sólo Bilam pudo ser,  sólo si real y sinceramente se creía tan justo como Moshé Rabenu. Cuando personas que conocemos obran en forma perversa, lo hacen siguiendo la idea del dicho: “de buenas intenciones está pavimentado el camino al Infierno”. La persona, en esencia, no puede obrar mal. Uno sólo puede obrar mal cuando cree que en su actuar hay algo de bien. Algo que lo justifique. Lo mismo con Bilam, él podía ser tan malvado sólo si realmente se creía tzadik como Moshé. Él realmente así lo creía, y al enfrentarse a la realidad, se llenó de furia.

La persona puede vivir toda su vida creyendo ser un tzadik, sin indicio alguno de que muchas veces esta es la única forma para que su consciencia le permita seguir adelante con su perversidad. Al acercarse los Días del Juicio, tomemos esto en cuenta.


Corto y bueno

 

La Guemará en el Tratado de Makot dice: “¡cuán necios quienes se paran delante del Séfer Torá, mas no delante de un Talmid Jajam! Puesto que la Torá indica golpear con 40 latigazos a quien merece el castigo, y los Sabios sostienen que se le debe dar sólo 39 golpes“. Sobre esto cabe preguntar, ¿para qué hace falta buscar tanto una prueba que demuestre y recalque el poder de nuestros Sabios de interpretar un pasuk diferente a su traducción literal? Si en Vaikrá mismo ya encontramos la misma idea con respecto a Sefirat Ha´omer; ¡la Torá nos indica contar 50 días y los Sabios nos dicen que contemos sólo 49!

La respuesta es, que entender que la Torá se refiere a contar sólo 49 días, aun cuando escribe 50, no es una gran hazaña. Sin embargo, para disminuir el dolor que sufrirá el Judío y decir que se le debe dar 39 latigazos en lugar de 40, facilitándole la vida – ¡ESO ES GRANDEZA!

En el Bet Elokim, el Mabit pregunta lo siguiente: al prestar atención a los Diez Mandamientos, vemos que en comparación a los segundos cinco mandamientos entre la persona y su semejante, los primeros cinco, entre la persona y el Creador, son mucho más largos. En los últimos cinco, algunos incluso están compuestos sólo de dos palabras. ¿Por qué Di-s dejó tanto espacio vacío en la segunda Tabla, en comparación con la primera? ¿No podía haber explayado un poco más los Mandamientos de la persona con sus semejantes, igualando el tamaño de los márgenes entre las dos Tablas?

La respuesta es que al tratarse de las leyes de la persona con sus semejantes, la gente mayormente prefiere ignorar sus obligaciones sociales. Es mucho más difícil perdonar y olvidar, especialmente en casos donde hay dinero de por medio, que separarse de las posesiones para cumplir una mitzvá. En este área tan sensible del cuidado del honor e imagen propios, es donde tenemos la oportunidad de superarnos y refinar nuestras cualidades. Cuando la persona es capaz de sobreponerse a un disgusto a favor de su compañero, por más justificados que puedan ser sus sentimientos, se supera a sí mismo, haciendo un gran Kidush Hashem. Es por ello que Di-s escribió los últimos Mandamientos en letra grande, dejando los mismos márgenes vacíos que en el primer grupo de Mandamientos; para resaltar los Mandamientos entre la persona y su semejante, demostrando y destacando su importancia. Pues al cumplir estas mitzvot tenemos la oportunidad de servir a Di-s con integridad.

Quienes reconocen que los segundos cinco Mandamientos son los que nos dan esta oportunidad de preocuparnos por los demás – tanto si nos simpatizan o no – son las personas que se merecen el respeto de pararnos frente a ellas. ¡Ellos se distinguen como letras remarcadas en un papel vacío!

 

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