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Jugando a las escondidas


A veces las cosas se tornan más interesantes cuando uno formula preguntas. Una persona con quien suelo estudiar, me pidió si era posible que estudiáramos acerca de Emuná y Bitajón (Fé y Confianza en Di-s). A fin de orientarme un poco acerca de la clase de libro que sería apta para esta tarea, le pregunté qué resultado esperaba obtener de este estudio. Su respuesta me llevó a escribir este artículo: “deseo dejar de preocuparme”.

Mi Rabino y maestro me enseñó una vez, que no siempre que nos preocupamos es necesario acudir a la “Emuná y Bitajón”. Pues si bien quien posee estas cualidades se preocupa mucho menos que quien no las adquirió aún, la Emuná y el Bitajón no son soluciones instantáneas para frenar la preocupación; sino que es toda una perspectiva de vida. Es necesario vivirlas, no sólo pensar o leer acerca de ellas. Cuando uno vive con Di-s, uno de los “privilegios” que obtiene es una vida “libre de inquietudes”. La Emuná no es un exterminador de preocupaciones – es una religión. Una persona religiosa debería estudiar acerca de la confianza en Di-s, aun si no es un tipo de persona ansiosa. Por otro lado, quienes suelen preocuparse, muy frecuentemente lo hacen por tendencia o naturaleza; y no necesariamente por un tema religioso. Adquirir fe y confianza requiere de gran esfuerzo y, sin duda, no es esta la forma más fácil de detener las preocupaciones. Para solucionar el problema, la Emuná no es la dirección; como vemos que muchos ateístas no son necesariamente gente preocupada. Aun así, si uno tuviera la Emuná desde un principio, ni siquiera comenzaría a inquietarse. En un primer momento, cuando mi maestro me dijo esto, quedé perplejo; pues me di cuenta de que algo en mi propia Emuná estaba equivocado si creía que debía fortalecer mi fe en Di-s sólo cuando estaba preocupado.

Me quedé pensando en esto hasta que formulé mi propia definición de “preocupación”. Como lo indica la palabra, es un “pre”, un pensamiento atemorizante acerca del futuro: “¿cómo habré de arreglarme entonces?”. Algo negativo puede llegar a pasar. Es de suponer, que cuanto mayor la probabilidad de que algo malo ocurra, más preocupada está la persona. Sin embargo, están también aquellos que se preocupan aun cuando las probabilidades de que ocurra algo malo son escasas; y se ponen ansiosos aun si aquello que temen sólo podría llegar a ocurrir. Cuando la Emuná y Bitajón aparecen en la escena, ese pensamiento de que cualquier cosa puede llegar a suceder – no es un pensamiento real. Sólo exactamente lo que Di-s quiere que ocurra, es lo que ocurrirá.

¿Confías en que lo que ocurre es lo que Di-s hace ocurrir? ¿Crees en que incluso tu libre albedrío y el de los demás, las decisiones de la gente, son en gran medida influenciadas por Di-s? Di-s llega hasta el más mínimo detalle; incluso a lo que hueles mientras lees estas líneas.

Lo que más aparta a las personas de la creencia en Di-s, es el hecho de no verlo. Un joven religioso fue cierta vez intimidado por su maestro antisemita en la escuela pública: “sin duda, no existe Di-s, pues si existe, ¿por qué no Lo vemos?”. El joven le respondió: “el profesor no debe tener mucha sabiduría en su cabeza, pues si la tiene, ¿por qué no la vemos?”. Sabemos que una persona posee sabiduría, no por habérsela visto, sino por deducción. Entonces, cuanto más deduzcamos la Presencia de Di-s en todo lo que ocurre, más podremos “verlo”. Mientras no trabajamos sobre esta deducción, no estamos “viendo”. La Emuná debe ser deducida, y en todo momento. Entonces, las preocupaciones no sólo desaparecen, sino que dejan de aparecer.

Ahora sí; existen distintos aspectos de la vida en los que podemos deducir la Presencia de Di-s. De regreso a mi compañero de estudio, un próspero comerciante reclinado en su silla de oficina, de cuero y alta calidad; yo proseguí a preguntarle: “¿acaso logras ver a Di-s en la silla donde estás sentado? ¿Puedes ver que es debido a Él que escogiste precisamente esa silla? Di-s fue Quien decidió por ella, y no tú”. Él me contestó: “No. Yo compré la silla. Yo la elegí y fue mi propia decisión”.

Pasé a preguntarle por qué había comprado esa silla y la respuesta fue “porque estaba de oferta”. ¿Por qué estaba de oferta? Porque tenía un defecto. “¿Por qué precisamente esta silla tenía un defecto y no alguna otra? ¿Por qué en la tienda había sillas defectuosas? ¿Por qué decidiste llevar una silla defectuosa sólo para ahorrar algunos pesos? ¿Acaso todo lo compras con defectos, con tal de ahorrar dinero?”. Cuando le preguntas a alguien el “por qué” de todo lo que te dice, llega un punto en el que se queda sin respuesta. (En cierto aspecto, este es el motivo por el cual a muchos les incomodan las preguntas que comienzan con “por qué”; pues no tienen una respuesta.) Esa respuesta que falta es: Di-s. Di-s estaba en la decisión de comprar la silla. No Lo vemos, pero está allí. Cuanto más practicamos este ejercicio, menos ansiosos nos ponemos.

La última Mishná del Tratado de Berajot lanza una nueva luz hacia las palabras que decimos diariamente en Keriat Shemá: “בכל מאודך”: בכל מידה ומידה שהוא מודד לך הוי מודה לו במאוד מאוד – debemos agradecer y amar enormemente a Di-s por cada conducta que media a favor de nosotros. Todo lo que Di-s hace por nosotros es Midá kenégued midá – “un pago con la misma moneda”. Cada castigo y recompensa son previamente medidos. Di-s y Su Torá son exactos. En la Parashá de esta semana vemos cómo los egipcios fueron asesinados en el Mar Rojo de acuerdo a sus acciones. El Midrash nos cuenta que las diez plagas y la muerte en el Iam Suf fueron castigos exacta y directamente relacionados con el maltrato de los egipcios a los judíos. Rashí en su comentario sobre la Shirá, destaca las diferentes formas en que los egipcios murieron en el agua: algunos fueron sacudidos de un lado al otro, padeciendo así una muerte lenta; en tanto que otros murieron inmediatamente. Había también un tercer grupo, que murió de una forma intermedia; todo dependiendo del nivel de maldad. Es decir, que Di-s no los exterminó a todos de un golpe, sino que cada uno recibió su pago en forma recíproca a su conducta.

Cuando Iosef fue vendido por sus hermanos como esclavo, Di-s procuró que los comerciantes ismaelitas que lo transportaron, “de casualidad” llevaran fragancias en lugar del desagradable alquitrán que normalmente solían transportar. ¿Acaso Iosef estaba pensando en aquel momento en el olor que sentía? Acababa de ser raptado, camino a Egipto para ser vendido como esclavo, separado de su padre y familia y traicionado por sus hermanos a los 17 años de edad… el olor desagradable era un punto insignificante en comparación a lo que estaba atravesando. Sin embargo, Di-s le estaba mostrando que le importaba de él. Si bien Iosef debía atravesar enormes pruebas, la del aroma desagradable no estaba destinada para él. Y Di-s mide cada cosa con exactitud y precisión. También lo que ocurre en nuestras vidas… y hasta los olores que sentimos.

Hace siete años recibí un llamado telefónico informándome que un amigo mío de los Estados unidos, con quien guardaba una buena relación, había perdido a su hija de nueve años súbita y trágicamente en la víspera de Shabat. Mi amigo se vio obligado a enfrentar con rapidez el asunto del entierro, sobre el cual jamás pensó que necesitaría tratar. Su propia madre había fallecido cuando él aún era joven, y enterrada en Har Hamenujot. Desde entonces el cementerio se había llenado en gran medida, pero a pesar de las pocas probabilidades de conseguirlo, llamó a la agencia de entierro de aquel cementerio para averiguar si existía la posibilidad de enterrar a su hija al lado de su madre – pues de lo contrario el entierro se llevaría a cabo en Estados Unidos. La respuesta fue que en los últimos treinta y cinco años, las parcelas de aquella zona habían sido completamente vendidas y las probabilidades de encontrar una parcela al lado de su madre eran nulas. De modo que comenzó a realizar los procedimientos necesarios para llevar a cabo el entierro el domingo por la noche en el cementerio cercano a su casa.

El sábado por la noche, enseguida después de Shabat, sonó el teléfono. Era de la agencia de entierro de Har Hamenujot. Se habían quedado despiertos hasta tarde, esperando que terminara Shabat en Baltimore, para preguntarle de qué tamaño necesitaba ser la parcela. Luego de un largo silencio, mi amigo respondió: “110 centímetros”. “Después de verificarlo bien, encontramos una parcela vacía adyacente a la de tu madre, que no hemos logrado llenar en todos estos años. Mide 112 centímetros; entonces, tómate el próximo vuelo a Israel”. Cuando escuché el relato en la Shivá, de boca de mi amigo, se me pusieron los pelos de punta, y cada vez que lo repito me atraviesa un escalofrío por todo el cuerpo. Cosas como estas ocurren, pero solemos olvidarlas. A veces ni siquiera las percibimos, porque pasan desapercibidas. Di-s obra silenciosamente. Actúa invisiblemente. Aparentemente, es Su Voluntad jugar con nosotros a las escondidas, y cuando nos damos por vencidos, perdemos el juego. El Gran Juego.

Si realmente preguntamos dónde está Di-s, comenzaremos a preguntarnos dónde no lo está.

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