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Pinjas SPANISH

Recompensa bien merecida

Di-s nos pregunta: “¿Quién me ha precedido y debo recompensarlo?” – ¿Quién Me ha elogiado antes de que Yo le diera el alma? ¿Quién circuncidó a su hijo antes de que Yo le diera un hijo? ¿Quién colocó una Mezuzá en la puerta antes de que Yo le diera una casa? ¿Quién construyó una sucá antes de que Yo le diera un lugar para construirla? ¿Quién sostuvo un lulav antes de que Yo le diera dinero para comprarlo? ¿Quién ató tzitzit a sus vestimentas antes de que yo le diera ropa para vestir? (Vaikrá Rabá 27).

Este Midrash parece sugerir que cada mitzvá que cumplimos es percibida por Di-s meramente como una manifestación de aprecio necesaria y esperada por toda la bondad que Di-s nos concede. Si es así, ¿queda lugar para cumplir mitzvot simplemente por deseo de servir a nuestro amado Creador? Es más, al devolver nuestras almas a Di-s luego de su travesía por el mundo, ¿cómo podemos esperar ser recompensados por vivir de acuerdo a la Torá? Veamos cómo la Parashá de esta semana provee la respuesta a estas preguntas, pero antes, un poco de historia…

Otro Midrash comenta acerca del celo de Pinjás al castigar a los dos descarados pecadores, Zimrí y Cozbí: בדין הוא שיטול שכרו – Pinjás mereció la recompensa – el “Pacto de Paz” (Midrash Rabá 21). Este pacto implicaba que Pinjás se sumaría al resto de su familia como Cohén. Según el Targum Iehonatán, esto significa que Di-s lo hizo a Pinjás inmortal, otorgándole el privilegio de anunciar la Redención Final y la llegada del Mashíaj. Sin embargo, ¿cómo podemos entender este concepto de una recompensa bien merecida a la luz del Midrash anterior que sugiere que no es posible merecer una recompensa, puesto que el cumplimiento de las mitzvot es nuestro deber y obligación delante de Di-s?

Existe un dicho de Kotzk muy conocido que puede solucionarnos esta paradoja: “No se mide a la persona según la cantidad de mitzvot que cumplió, sino según el corazón que puso en el cumplimiento de ellas – aun si fuera una sola”.

Hay relativamente pocas mitzvot por orden bíblica (Deoraitá) que nos encontramos a diario. De hecho, el Rav Wolbe zt”l enumera sólo nueve (de las 248) mitzvot asé de esta clase: * Recitar Shemá * Usar Tzitzit * Colocarse Tefilín * Rezar * Estudiar Torá * Recitar la bendición después de comer pan * Dar caridad * Respetar y pararse delante de los padres y ancianos * Descansar en Shabat. Nuestro servicio a Di-s se mide, en su gran mayoría, con el cumplimiento de este puñado de mitzvot. Aun así, la clave para cumplir estas mitzvot como se debe, se encuentra en el pensamiento que ponemos en ellas. (“Poner intención” es algo más fácil de decir que de hacer, ya que es muy difícil lograr la concentración y el pensamiento adecuados en mitzvot que son tan cotidianas.)

Rabí Iehudá Tzadka zt”l escribe que si una persona cumple una mitzvá con un sincero amor a Di-s, y no por temor a Di-s, puede legítimamente solicitar la recompensa por ello. Esto se debe a que una mitzvá realizada con amor a Di-s va más allá de lo que estamos obligados. Al cumplir una mitzvá con amor a Di-s la persona expresa su deseo interior de cumplir la Voluntad Divina. Lo mismo se aplica al hacer algo con mesirut néfesh (sacrificio). En última instancia, la calidad y dedicación por la mitzvá son los que justifican la recompensa que Di-s nos da.

Pinjás es un ejemplo excelente de hacer más allá de lo que estamos obligados a hacer – הלכה ואין מורין כן. Él obró incentivado por el dolor que sintió al presenciar la profanación del Nombre Divino y la gran falta de respeto hacia Moshé. Al castigar a Zimrí y Cozbí puso su vida en juego y, es por ello que mereció la inmortalidad.

Podemos aplicar este concepto de mejorar la calidad de nuestras acciones también en otros aspectos de nuestras vidas: la familia, la relación con el entorno, el trabajo – por nombrar sólo algunos. Esto implica poner el énfasis en la calidad y no en la cantidad, y dedicar un poco de pensamiento a las cosas que hacemos. La realidad es que la agenda diaria de un amplio espectro de personas es bastante similar. Aun así, quienes se esfuerzan por asegurar la buena calidad de cada una de sus actividades, mayormente prosperan mucho más en la vida que quienes no lo hacen.


Líderes futuros

Algunos observan a su alrededor y se preguntan en alta voz o para sí mismos: ¿quiénes se convertirán en líderes del Pueblo Judío para la futura generación? ¿Quién guiará y dirigirá a la Comunidad? Algunos dirigen la mirada hacia grandes disertantes o quienes provienen de familias prominentes. Otros hacia aquellos con alto coeficiente intelectual; suponiendo que de ellos brotará la grandeza. Sin embargo, la realidad no es justamente esta. De hecho, si echamos un vistazo hacia los líderes de hoy en día, así como los del pasado, notaremos que no son estos los factores decisivos. De entre los líderes de la actualidad, varios provienen de hogares simples o incluso pobres y desarmados; y no de la clase alta de la sociedad. Entonces, ¿qué ocurre? El Midrash define un único factor que identifica a los verdaderos líderes del futuro.

Di-s dijo a Moshé: Iehohúa te sirvió y atribuyó gran honra; él se levantaba temprano y dormía tarde en tu casa de reunión para ordenar los bancos, extender los manteles… y recibirá su recompensa… (Midrash Rabá 21,14). Esto es extraño, una gran personalidad como Iehoshúa, sumamente estudiosa que jamás abandonaba la casa de estudio, dedicando todo su tiempo a observar a su maestro Moshé y aprender de él las leyes de la Torá – no es esto lo que le acredita el liderazgo, sino el fregar los pisos luego de la clase, ordenar los bancos y doblar los manteles. ¿Es eso lo que vale? ¿Eso es lo que le dio la grandeza? ¿Todas las horas dedicadas al estudio no se presentaron a su favor  – sino el hecho de ser Gabai de Moshé?

Rabí Zeev Guetzel shlit”a en su libro Ashira, ofrece una nueva perspectiva a todo este asunto. Si, por ejemplo, al pasar por una tienda a las 2 a.m. uno ve por la ventana a alguien limpiando y ordenando la mercadería, es de imaginarse que no se trata de un simple empleado. Los empleados comunes no trabajan a las 2 a.m. Si alguien ordena la tienda a esta hora, se trata sin duda del propietario o de alguien muy allegado a él que lo quiere mucho.

Iehoshúa no era simplemente un ´encargado´, Di-s libre. Él no solamente ordenaba las mesas, sino que se levantaba temprano y dormía tarde, ordenando la sala de estudio para asegurarse que la gente lo aprecie y sea agradable para ellos el estudio allí así como lo era para él. Para él, era algo personal, y eso es un nivel de estudio totalmente diferente. “La persona no logra estudiar Torá con perfección, a menos que ame a Di-s con todo su corazón, su alma y cada parte de su ser” (Midrash Tanjumá, Noaj). La dedicación de Ieoshúa hacia la sala de estudio, hacia su amor por la Torá, era eminente por intermedio de su preocupación por que todos estén cómodos y disfruten el estudio así como él. Y este es el motivo por el cual se convirtió en líder. No por la cantidad de horas de estudio, sino por su dedicación a este ideal, a este valor.

Los futuros líderes de nuestro pueblo, los verdaderos líderes, son aquellos que se dedican firmemente a sus ideales y valores.


Apreciar la Diversidad

El Midrash relata que Moshé no estaba seguro sobre quien debía sucederle después de su muerte (Midrash Rabbah 21:2). Por lo tanto suplicó a Di-s que eligiera un sucesor adecuado para liderar a la nación. Señor del Universo, Tu conoces las opiniones de cada uno de ellos, y las diferencias entre unos y otros. Te pido que cuando fallezca, elijas  a un líder que aprecie la opinión de cada uno de ellos. Por eso Moshé dijo, יפקוד אלקים אלקי הרוחות  (Que Di -s de los espíritus  elija…)

Sobre el tema de la diversidad, el Midrash (y también la Guemará) notan que si uno ve una gran cantidad de personas (600.000) debe recitar la bendición ברוך אתה… מלך העולם חכם הרזים (Bendito eres Tu Di-s, el Sabio de los secretos). El Midrash explica que así como sus caras son diferentes, sus opiniones también lo son. Reflexionemos acerca de esta bendición por unos momentos. Es la única bendición en que nos referimos a Di-s como Sabio. Aunque el mundo está lleno de criaturas y creaciones que demuestran la infinita sabiduría de Di-s, sólo cuando vemos la imponente diversidad humana bendecimos a Di-s como Sabio. ¿Por qué?

Podemos apreciar la respuesta a esta pregunta con el ejercicio siguiente: imagina por un momento que entras a una gran sala de espera donde hay cincuenta personas más de tu mismo sexo. Al observar a tu alrededor para ver si conoces a alguien, la primera cara que ves tiene un parecido sorprendente a nada más y nada menos que… tu mismo. Continúas mirando las caras para compartir el descubrimiento con alguien que conoces, y te das cuenta de que todos tienen la misma cara. Un escalofrío recorre tu cuerpo al ver que todos tienen también la misma voz, modales y opiniones que tú. Lo único que los diferencia de ti es el nombre y el origen.

Dejemos de lado esta pesadilla, ahora sí es inevitable darle gracias a Di-s por haber creado un mundo tan diverso. Es un mundo en que todos podemos sentir que somos únicos – y realmente así es. Como nuestros Sabios explican לעולם יאמר אדם בשבילי נברא העולם (Uno siempre debe decir que para él sólo valdría la pena que Di-s creara el universo).Y la individualidad en nuestros rasgos, voz, opiniones y huellas digitales constantemente nos lo recuerda.

En cierto sentido, el bien más grande que Di-s ha otorgado a los seres humanos es su percepción individual y la capacidad de reflexión (como se ve al principio de la Introducción al Jovot Halevavot). Di-s podría habernos creado como robots – o seres que no pueden pensar de forma diferente y percibir la realidad desde distintas perspectivas. Reconocer la sabiduría de Di-s en la diversidad de opiniones y puntos de vista que hay, puede ayudarnos a apreciar estas diferencias mucho más. Y una vez que lo hagamos, podremos llevarnos mejor con los demás. No es casualidad que los considerados sabios son normalmente los que respetan y valoran las opiniones de los demás. Esta es también la singularidad de rezar en un minian (quórum de diez personas). Todos dicen las mismas palabras, pero con un significado único y personal.

Para concluir, veamos una vez más la afirmación de nuestros sabios citada anteriormente: así como sus caras son diferentes, sus opiniones también lo son. Un sabio lo explicó con una sonrisa: ¿por qué se compara aquí específicamente las caras y las opiniones? Pues así como no nos molesta que la cara de otro sea diferente a la nuestra, tampoco debería importarnos si sus opiniones lo son.

Esto, en esencia, es lo que pidió Moshé a Di-s – un sucesor que apreciara las diferentes opiniones y perspectivas. Esta cualidad es deseable no sólo para un líder sino también para cada uno de nosotros.

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