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koraj – spanish

 Eliminando los celos


Recientemente conocí a un hombre de noventa y cinco años que aparentaba ser mucho más joven. Quedé tan impresionado de su energía física y emocional, que no pude resistirme a pedirle el secreto de su longevidad. Feliz de revelármelo, el vigoroso nonagenario saltó de su asiento y comenzó entusiasmado a contarme sus principios de la vida. Uno de ellos tenía que ver con los celos y la envidia – muy apropiado para la historia de Kóraj relatada en la Parashá de esta semana. El hombre declaró nunca haber mirado con envidia a quienes tenían más que él, sino concentrarse en quienes tienen menos. Él me explicó que esto lo mantenía en forma.

Resulta, entonces, que el enfoque de este anciano no es nuevo. El rey Salomón escribió רקב עצמות קנאה – la envidia causa la descomposición de los huesos (Mishlé 14:30). El Talmud explica: si la persona tiene celos o sentimientos de competencia en el corazón, sus huesos se “desintegran”, es decir que muere antes de tiempo. Lo cual no se refiere sólo a una muerte física sino también a crisis nerviosas y problemas de corazón.

Otra forma de estudiar el término עצמות  nos ofrece una ayuda adicional para tratar los celos: La palabra עצמות  apunta a עצמיות , un carácter independiente y original. Cuando estamos celosos, invertimos nuestra energía intelectual y emocional en pensar qué tienen los demás y a nosotros nos falta. No obstante, de esta forma estamos errando en la mejora de nuestro propio carácter independiente y original. Mientras estamos ocupados trazando nuestra historia de vida propia y singular de éxito y prosperidad, no damos lugar a que los pensamientos de celos se nos metan en la mente. Pero si nos vemos a nosotros mismos como una mera parte de un grupo, sin una identidad singular, comenzamos a medir el éxito en comparación al de los demás. De hecho, la Mishná en Avot (4:21) dice: הקנאה התאוה והכבוד מוציאין את האדם מן העולם – la envidia, los deseos materiales, y la búsqueda del honor sacan a la persona del mundo. La comprensión más común de esta Mishná es que los rasgos negativos pueden provocarle a la persona perder el equilibrio en el mundo social en que vive. El Saba de Kelem propone otra explicación, y dice que la Mishná se refiere al mundo propio de la persona y a su identidad. Al mirar constantemente lo que los demás tienen o buscar el honor y los placeres, la persona pierde su propio éxito, ignorando las metas y ambiciones que le son importantes.

Los celos también pueden provenir de otra fuente, y podremos tratarla con más facilidad si somos conscientes de ella. Como lo propuso un Rabino muy perspicaz: los celos muchas veces provienen de la sensación que me sacaron algo que me pertenece. Así es, que la palabra קנאה  (celos) es muy similar a קנין (propiedad). Este sentimiento es muy común entre hermanos. Los celos entre hermanos a veces pueden ser muy fuertes, dado que de ven a sí mismos como pares, habiendo crecido en el mismo entorno y circunstancias. Los celos se fortalecen cuando alguien que partió de una situación similar se adelanta u obtiene con más facilidad cosas que a nosotros nos costaron mucho esfuerzo. Mientras nos sentimos “en el mismo barco” con nuestro objeto de celos, no lograremos deshacernos de la envidia.

Otra Mishná en Pirké Avot (5:5) también nos puede ayudar a calmar los sentimientos de envidia. Se trata sobre la Mishná que dice que en el Bet Hamikdash, incluso al estar de pie se apretaban juntos, pero al agacharse con pies y manos extendidos, había lugar para todos (עומדים צפופים ומשתחוים רווחים). Rabí Jaim de Volozhin explica que cuando la persona cree que sus logros resultan de su propia fuerza –expuesta aquí como al estar de pie – siente que debería estar recibiendo mucho más por sus esfuerzos y acciones. Esta altanería le impide reconocer los derechos de los demás sobre el mundo en que él mismo vive. En última instancia, esto le hace sentirse aplastado por la otra persona a quien considera estar interfiriendo en su mundo. Es más, la persona sobre quien tratamos llega a sentir que lo que le falta y ve en la posesión del otro, de algún modo le fue sacado de la suya. Sin embargo, al agacharse en el Bet Hamikdash y reconocer que todo lo que tiene proviene de Di-s, no siente que el mundo le pertenece, sino que hay lugar para todos junto a sus éxitos también y nadie le está quitando nada.

Otro método para luchar contra los celos es meditar sobre la manera especial en que la Torá los prohíbe en los Diez Mandamientos: לא תחמוד בית רעיך וכו’ אשת רעיך ועבדו ואמתו ושורו וחמרו וכל אשר לרעך (שמות כ:יד). No codiciarás la casa de tu compañero, su mujer, sus sirvientes, su toro, su burro y todo lo que tu compañero posee. Si la Torá ya enunció toda una lista de posesiones pertenecientes al otro que no debemos codiciar, ¿para qué necesita agregar la repetición aparentemente insignificante de “todo lo que tu compañero posee”?

Pues el ´todo´ incluye también sus dificultades y problemas. Si cada uno habría de poner su suerte en un rincón de una sala, tanto las cosas que le van bien en la vida como los problemas y dificultades, sin duda al tener que escoger una de las suertes, cada uno recogería su propio paquete. A nadie le va todo bien. Si envidias lo bueno que otro tiene, ten en cuenta que estás pasando por alto las dificultades que lo acompañan. De hecho, a veces celamos la riqueza espiritual o monetaria de otra persona y nos preguntamos por qué no podemos prosperar así nosotros también. Sin embargo, nos olvidamos de considerar todas las horas de trabajo, tensión, riesgo, sacrificio y demás que tuvo que atravesar la persona a quien envidiamos.

Un dicho gracioso dice: los celos comprenden toda la diversión que creemos que el otro tiene. De hecho, está en las manos de cada uno de nosotros vivir una vida feliz y sin celos. No depende de cuánto poseemos o cuánto nos falta, sino de cuán agradecidos estamos por lo que tenemos.

Se cuenta acerca de un grupo de filántropos de visita en un hospital para enfermos mentales, con el fin de recibir su apoyo para la institución. Al pasar por la habitación de un pobre paciente que se golpeaba la cabeza contra la pared gritando “¡Judy, Judy!”, los filántropos quisieron saber acerca de las circunstancias que lo llevaron a este estado. El propietario del hospital les explicó: en su juventud, este hombre tenía esperanzas de casarse con una joven bonita de nombre Judy, pero para su sorpresa y consternación, su mejor amigo se le adelantó. Desde entonces, este hombre no encuentra descanso, sintiendo que su mundo le fue despojado. Los filántropos suspiraron mientras continuaban a la habitación adyacente. Al abrirse la puerta, vieron al paciente que la ocupaba golpeándose la cabeza con un palo. Extrañamente, este hombre también gritaba “¡Judy, Judy!”. Uno de los filántropos preguntó: “¿él también esperaba casarse con Judy y alguien se le adelantó?”. A lo cual respondió el dueño del hospital: “No, peor. ¡Este hombre se casó con Judy, pero ella falleció algunos meses después de la boda!”.


El lugar de la envidia

 

Es muy común para un estudiante de Ieshivá reflexionar acerca de la siguiente pregunta: ¿Por qué con respecto al estudio de la Torá nuestros Sabios elogian la “codicia”? Ellos dicen que los celos por la sabiduría de otro estudiante pueden ayudar a adquirir sabiduría: קנאת סופרים תרבה חכמה (Bavá B. 21a). Lamentablemente, algunos estudiantes hacen un mal uso de esta herramienta de motivación y al ver a otros prosperar en el estudio más que ellos, se sienten fracasados y negativamente envidiosos. ¿Cómo puede un estudiante discernir si sus celos son correctos y le ayudan a crecer? ¿Acaso debe estudiar motivado por ellos hasta descubrir si su envidia realmente es la קנאת סופרים positiva y recomendada por nuestros Sabios? ¿Cómo puede una envidia ser tan positiva hasta el grado de ser recomendada como técnica de motivación?

Aquí la respuesta se bifurca. La prohibición de celar y codiciar algo que le pertenece a otro se aplica solamente si uno codicia el elemento en sí – no algo similar. Por lo tanto, está prohibido codiciar la casa de otro, pero no el deseo de una casa como la suya. (Véase רבינו אברהם בן הרמב”ם עה”ת. יתרו) Un estudiante que envidia la sabiduría de su compañero actúa correctamente si codicia una sabiduría alcanzable. Por el contrario, si envidia la posición que su compañero obtuvo gracias a sus conocimientos – está prohibido. Otro componente de la codicia prohibida que está ausente en la קנאת סופרים  es el dolor por lo que posee la persona a quien se cela. En la correcta y efectiva קנאת סופרים, el estudiante que envidia a su compañero erudito está igualmente feliz porque el otro consiguió la sabiduría que él también desea lograr.

En última instancia la prueba de fuego es la siguiente: la “envidia de los sabios” no sólo me inculca el deseo por lo que el otro posee, sino también la alegría de que él haya logrado aquello que a mí todavía me falta.

Calmando querellas

Tras un primer desacuerdo, muchos recién casados se preguntan si realmente estaban destinados uno para el otro. En algunas parejas, este desacuerdo ocurre en el primer Shabat que pasan solos. Tarde o temprano, ocurre en todas las parejas. Un recién casado que recibió una debida orientación de un mentor competente, será capaz de evitar graves errores cuando aquel primer descuerdo (o los posteriores) ocurra, conservando el control de su reacción.

La agenda diaria muy llena a veces le impide a las parejas discutir las diferencias hasta bien entrada la noche, lo cual es un error, pues la mente ya está cansada y no piensa con claridad. Una situación así, es la receta perfecta para una explosión. Como regla general, es mejor no tratar temas de discusión después de las diez de la noche, pues al hacerlo se corre el riesgo de ir a dormir enojados, comenzando el día siguiente con la pata izquierda. Ningún daño puede surgir por postergar la discusión hasta mañana. Entonces, con la mente fresca y clara, uno de los cónyuges generalmente se da cuenta de que era un asunto insignificante o que el punto de vista de su pareja es legítimo.

Sin duda, tener diferencias de opinión con el cónyuge no es necesariamente algo malo. Por ejemplo, Rabí Akiva Eiguer tenía largas discusiones, incluso desacuerdos, con su estimada esposa acerca de los valores y principios de la vida. A través de ellos se benefició aclarando sus propias perspectivas. Después de muerte, la lloró enormemente.

Dado que los desacuerdos y conflictos son capaces de cumplir un rol positivo en la vida judía, ¿cómo podemos discernir entre los que son productivos y los que debemos evitar? Es más, ¿cómo podemos convertir las diferencias de opinión y puntos de vista opuestos en algo positivo y productivo? El secreto de la serenidad se encuentra en Pirké Avot:

Todo desacuerdo לשם שמים (por la honra Divina) perdurará – mas uno que no es לשם שמים, no perdurará. ¿Qué es un desacuerdo לשם שמים?  – uno como el de Hilel y Shamai. ¿Qué es un desacuerdo no לשם שמים? – uno como el de Kóraj y sus seguidores (5:17).

El Bartenura explica  que las discusiones entre Hilel y Shamai tenían por objeto llegar a la verdad – lo cual finalmente lograban. Por el contrario, la finalidad de la discusión de Kóraj contra Moshé era conseguir honor y poder. Al final fue contraproducente, provocando el efecto contrario. Ser conscientes de la diferencia entre estos dos motivos nos puede ayudar a analizar cualquier disputa, como veremos a continuación.

Kóraj enfrentó a Moshé con dos preguntas:

–          ¿Cómo es posible que una prenda de cuatro puntas requiera de tzitzit (los hilos de color tejélet) a pesar de ser ya color tejélet la prenda en sí?

–          ¿Por qué una habitación llena de Sifré Torá necesita una mezuzá en la puerta, si los párrafos escritos dentro de ella ya están escritos en los rollos de la Torá?

Kóraj trató de usar el poder de estas dos preguntas para hacer titubear la credibilidad de Moshé en los ojos del Pueblo Judío. Tratemos entonces de entender por qué Moshé sintió que no era necesario responder a estas preguntas. Moshé entendió que no estaban enfocadas como preguntas, sino como un refuerzo al argumento de Kóraj: “כל העם כולם קדושים ולמה תתנשאו על קהל ה'” – todo el Pueblo es santo, entonces por qué ustedes (Moshé y Aharón) habrán de imponerse sobre el Pueblo de Di-s. Las preguntas acerca del tzitzit y la mezuzá parten de la misma perspectiva: ¿acaso una nación tan sublime y cercana a Di-s a nivel personal necesita un representante de Di-s?

Como fue señalado anteriormente, existen dos clases de disputas. En una clase de discordia las dos partes discuten para aclarar un asunto, mostrando constantemente un respeto mutuo y no permitiendo que el orgullo propio interceda en el camino. Esta clase de discusiones es muy valiosa pues nos ayuda a aclarar cosas importantes. Cuanto más importante el asunto, más sinergia se crea. Así es como Hilel y Shamai, quienes se apreciaban enormemente, podían discutir acaloradamente sobre asuntos de Torá a los cuales valoraban más que cualquier otra cosa del mundo. En la actualidad, los estudiantes de Ieshivá en parejas representan esta clase de discusiones en el Bet Midrash, sin mezclar ninguna clase de orgullo propio o preferencia personal. Sin embargo, al despertarse el egoísmo de un elemento de la javruta, el otro puede tornarse defensivo y a veces también ofensivo.

Las preguntas de Kóraj estaban más bien enfocadas hacia la validez de la palabra de Moshé que a los asuntos que aparentemente apuntaban. Moshé percibió los motivos ocultos detrás de las preguntas y se dio cuenta de que si habría de responderle, surgirían otras preguntas en lugar de ellas. Cuando el ego cumple un rol en la discusión, el asunto debatido no perdura pues no es posible llegar a clarificarlo.

En lugar de refutarle, Moshé se dejó caer sobre su rostro. Él no quería tomar parte en esta discusión. Es por ello que la Mishná que tratamos ni siquiera menciona a Moshé, sino que habla del desacuerdo (לא לשם שמים) de Kóraj y sus seguidores. Moshé solamente le respondió desde una perspectiva לשם שמים.

Siempre que nos sintamos ofendidos o menospreciados, podemos aprender del brillante ejemplo de Moshé a no responder dándole rienda suelta al ego, sino preguntarnos a nosotros mismos: “¿cómo quiere Di-s que yo responda?”.

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